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ChatRouletteGifs, images for trolling
Gatos indiferentes en porno amateur
Si este no es el mejor tema para una colección de imágenes, no sé qué sería. La pareja acalorada haciendo acrobacias, y el gato? indiferente. La chica amarrada y con una bola en la boca. Y el gato? inmutable. Otra que se revuelve de placer… Y el gato? mira por la ventana. El gato es el personaje anticlimático que revela toda la puesta en escena, y que no deja concentrarse en lo que debiera ser la acción principal. El gato, ese robacámara que tiene un gran papel en la historia de Internet, no parece creer en el porno. The Internet is for porn cats!
Preguntas relacionadas: son los gatos pornografía de oficina? dónde radica el placer de una maravilla como procatinator? qué explica al gato como vehículo cultural privilegiado?
Y bueno, cómo no recordar con esto el trabajo de Ray Beldner
vía violet blue
Bases neuronales comunes entre amor y deseo y, claro, pornstars
Leo un paper, tal vez lo hojeo (debiera decir ojeo, dado el formato) acerca de las bases neuronales comunes entre amor y deseo. Muy en breve, quién tiene tiempo para más, el estudio dice que el amor y el deseo, si bien son cosas neuronalmente distintas, que activan distintas partes del cerebro, comparten sin embargo áreas comunes. El amor se construiría (esa es la palabra que usan) sobre otras áreas relacionadas con emociones, placer, gratificación y hábitos, entre otras. En relación al deseo, el amor compartiría con éste la activación de la ínsula, sugiriendo que el amor sería una representación abstracta de ese deseo. La repetición del deseo (no exclusivamente, otras gratificaciones califican) satisfecho, su recuerdo, se convertiría en amor. Una repetición de deseos de corto plazo originarían un estado de intenso deseo de unión con otra persona.
Aunque el amor pueda aparecer banalizado siguiendo este estudio, el deseo no sería aquella cosa ciega sino algo tuerto que considera respuestas e intenciones de lo deseado. Más específico y localizado, sin embargo que el amor, que tendría habilidades más complejas, abstractas y flexibles. El amor estaría relacionado con la repetición de descargas de dopamina, activadas por deseo o aquello que la pueda suscitar (no es lo que el artículo dice, pero el apego con parejas dañinas podría explicarse por ahí).
Muy intersante todo. Pero… y el porno? Ya vamos: si el deseo repetido y gratificado genera amor, no sería arrojadizo decir que aquello que se siente ante la vista de alguna pornostar preferida es, precisamente, amor. Un ejemplo al azar: Belladonna. Luego de verla tantas veces, siempre maravillosa y tan generosa con sus talentos, se hace difícil el no amarla. Esa sonrisa, su diastema, la alegría con la que encaja cualquier cosa, su creatividad… cómo no va a ser adorable? Y cómo resistirse a creer que sí, que sí tenemos algo que sería evidente si nos conociésemos? Pero, me parece, no soy la única que piensa eso. Bueno, a Bobbi Starr también, y claro a Jiz Lee y Kimberly Kane o James Deen.
Las estrellas del porno lo saben también y se portan como nuestras novias: nos cuentan de sus vidas, piden regalos, responden preguntas. Están ahí, dicen, atentas.
[La maravilla de la imagen es Kimberly Kane]
La historia que me contaron anoche
Mi amiga instantánea me cuenta de una amiga suya dominatrix, que se queja de lo rutinario de su trabajo. –Rutinario? dice mi amiga. –Sí, dice la dómina, todo el mundo busca exactamente lo mismo, nadie trata de encontrar algo realmente vital. Quedan entonces en que cuando excepcional le pase a la dómina, le contará. Y sucede: este cliente quiere ser ‘el hombre torso’, y pide ser amarrado para sentir que no tiene piernas ni brazos. Ya. El problema es que este hombre se toma demasiado seriamente su rol y queda absolutamente inexpresivo. Ella usa todo el equipamiento del calabozo (el lugar donde trabaja) y el hombre torso nada. Aplica su rutina de humillación. El hombre torso, nada. Cero reacción. Lo golpea. Nada. La dómina se aburre. Decide subirlo rodando escalera arriba hasta un balcón exterior en el mismo calabozo. Cuando llegan allá, ella ve caer un líquido sobre el inexpresivo hombre torso. Mira hacia arriba y hay dos mapaches en una rama. Mapaches, sí, con antifaces. Acto seguido, el mapache defeca y todo cae sobre el hombre torso. Y el hombre torso? Nada, el hombre torso no dice nada. Adios, dice ella, Fellini habría matado por esta escena.
Lo que llamamos pornografía es lo que nos separa de la acción
Cuando hablamos de pornografía hablamos de una pulsión, una provocación, y un límite al mismo tiempo. Una llamada a hundirse y un borde, un colapso de forma y ausencia que no se resuelve. No querría invocar, por manidos, a Apolo y Dionisios pero digamos que si estuvieran fornicarían pero con condón, o estarían vueltos a lados distintos de la cama, como cuando ese ignorar al otro te lo hace irremediablemente presente. El medio mismo se vuelve pornográfico, pero la palabra pornografía no alude al medio sino a la relación. La pornografía por definición interpela, pero restringe. ¿Es posible la pornografía en vivo? Sí, sólo si te está prohibido participar. Es por eso que sería correcto hablar de pornografía en relación a ejemplos no sexuales, como con la violencia. O cualquier otra manifestación más que mediada, limitada en su experiencia, y al mismo tiempo tan invitante. La pornografía abre esa puerta que debes mantener generalmente cerrada, pero tiene vidrio.
In a Technical Sense.
Indicators of Sexual Arousal. During the interval when the reels changed, Dr Nathan noticed that Trabert was peering at the photographs pinned to the windshields of the crashed cars. From the balcony of his empty office Catherine Austin watched him with barely focused eyes. Her leg stance, significant indicator of sexual arousal, confirmed all Dr Nathan had anticipated of Trabert’s involvement with the events of Dealey Plaza. Behind him there was a shout from the camera crew. An enormous photograph of Jacqueline Kennedy had appeared in the empty rectangle of the screen. A bearded young man with an advanced neuro-muscular tremor in his lower legs stood in the brilliant pearl light, his laminated suit bathed in the magnified image of Mrs Kennedy’s mouth. As he walked towards Trabert across the broken bodies of the plastic dummies, the screen jerked into a nexus of impacting cars, a soundless concertina of speed and violence.
JG Ballard, The Atrocity Exhibition
La imagen la robé de acá.
el (blog sobre) porno ha muerto, viva el porno
No deja de ser triste pero no es exactamente noticia que Realcore, el blog de Sergio Messina sobre el término que él mismo acuñó, no actualiza más, oficialmente. Es un poco menos terrible el saber que recopiló los 5 años de posts en un pdf (3.9 mb), que alguna vez será lectura obligatoria para entender qué pasó cuando la pantalla se convirtió en una zona erógena.
No se despide sin dejar algunas preguntas abiertas y críticas al panorama actual del porno, que ha dividido en su opinión maniqueístamente al porno viejo hecho por hombres (sexista y malvado) del nuevo hecho por mujeres (liberador). Messina dice que, finalmente, el buen porno debe ser capaz de procurar el estímulo suficiente para excitarse, masturbarse y acabar, cosa que en esta omnipresencia del porno a veces se olvida, paradójicamente.
También, por cierto, deja rebotando la pregunta sobre la utilidad/sentido del blog como formato, en un tiempo en el que el panorama se polariza hacia la mercantilización de la distracción (twitter, tumblr) o el long form, para quienes pueden financiar el tiempo necesario para escribir/leer/entender. Una nueva expresión clasista, en mi opinión, bajo la apariencia de una democracia del conocimiento y que es sólo another brick in the wall. Pero bueno, yo siempre me he sentado con los viejos de los Muppets.






